martes, 15 de octubre de 2013

Consultorio teocrático watchtoweriano


   
     Estimados cofrades ocultos en las catacumbas ibéricas y allende los mares:

     En la redacción ultra apóstata hemos recibido la pregunta de una hermana en la fe, a la que su esposo teocrático la utilizaba de punching ball en la intimidad del domicilio familiar.  Era como el Dr. Jekyll y el Sr. Hyde: ángel y mosquita muerta en el Salón del Reino y boxeador y demonio en casa, con la mujer de sparring.  Marcela, dice ser del centro peninsular, pero no quiere dar más datos para que los agentes Watch no puedan localizarla y pelarle al cero.  Pero, ¡mejor leamos sus palabras!:
Mi marido es anciano de congregación pero, tiene dos caras.  En las reuniones de congregación y ante los demás, se comporta como un ángel.  Sin embargo, con la impunidad que le ofrece el domicilio familiar, es un auténtico demonio.  Cuando se enfada, la toma conmigo insultándome y propinándome palizas.  Luego, encima, tengo que decir que los hematomas me los ha ocasionado una caída o un golpe que yo me he dado con algún objeto.  ¿Hay base bíblica para que la esposa cristiana ejemplar tenga que aguantar este tipo de violencia a domicilio y al por mayor?
     Estimada hermana Marcela:

     Si una persona te quiere, te respeta.  Si te propina palizas al por mayor..., ¡ni te respeta ni te quiere! Según cuentas, a tu marido le separa una generación de las cavernas.  La genética nos ha jugado una mala pasada y accidentalmente nos ha traído al siglo XXI un homínido más propio de la época del Hombre de Atapuerca.  Una persona que abusa de otra utilizando su mayor fuerza física, es un abusador.  Luego, para más inri, es un hipócrita del copón: intentando engañar a los demás poniendo una cara de mosquita muerta, ¡cuando te propina más palos que a una estera en la intimidad hogareña!

     Sobre la base "bíblica" o "teológica" por la que la esposa cristiana tiene que aguantar carros y carretas, es cierto que nuestra confesión religiosa ha estimulado el soportar el maltrato físico como un medio para captar al marido incrédulo..., o para salvaguardar la buena imagen y el buen nombre de la entidad religiosa.  Hay mucha documentación al respecto, pero te remitiré a una.  ¡Oído al parche!:
El que el esposo o la esposa maltrate a su cónyuge obviamente es incorrecto; la Palabra de Dios lo condena. Pero la Biblia también insta a los cónyuges a permanecer juntos. El que su situación doméstica le parezca tan extremada que requiera una separación es algo que solo le toca a usted decidir. 
Jehová instituyó el matrimonio como medio de procreación y fuente de compañerismo que causa felicidad. (Gén. 2:18-24) Cuando la primera pareja rechazó la guía de su Creador y optó por seguir su propio camino, la contienda y la infelicidad se introdujeron en su matrimonio. Previendo que en muchos matrimonios las mujeres imperfectas resistirían la jefatura y que los hombres imperfectos usarían mal la jefatura, Dios le dijo a la mujer: “Tu deseo vehemente será por tu esposo, y él te dominará.” (Gén. 3:16) Es triste pero cierto que a menudo esta dominación ha incluido crueldad, violencia. [...]
Usando la razón y las Escrituras, podrían considerar prudentemente por qué la tranquilidad y la paciencia son tan valiosas y por qué la ira acalorada causa tanta infelicidad a todos los que están envueltos. (Pro. 14:17, 29; 22:24, 25) Podrían describir el modelo de Cristo para los esposos; fue un modelo de interés amoroso, el cual obviamente excluye el maltrato airado a la esposa de uno. (Efe. 5:25-33) El esposo que sigue este modelo hará la vida más agradable tanto para sí mismo como para su esposa. También, los ancianos podrían ayudar a ustedes dos a examinarse para ver en qué pueden mejorar. ¿Acaso es el uso del alcohol por su esposo lo que hace surgir el maltrato violento? (Pro. 23:29, 30) ¿Será que está permitiendo que las frustraciones en su trabajo se trasladen al hogar? ¿Es usted, la esposa responsable? ¿Lo sermonea o lo provoca? “Un techo con goteras . . . y una esposa contenciosa son comparables.” (Pro. 27:15; 19:13; 21:9; 25:24) ¿Alimenta usted el fuego durante las disputas, en vez de mantenerse tranquila? “El amor . . . no se siente provocado.”—Sal. 139:23, 24; 1 Cor. 13:4, 5; compare con Efesios 4:26.
Pero ¿qué hay si, a pesar de esta ayuda, su esposo todavía es violento? ¿Dice la Biblia que una esposa tiene que permanecer con su esposo a pesar de tundas y peligro a su salud y vida? Leemos: “La mujer que tiene esposo incrédulo, y sin embargo él está de acuerdo en morar con ella, no deje a su esposo.” (1 Cor. 7:13) A veces una esposa cristiana pudiera llegar a la conclusión final de que su esposo violentamente injurioso no “está de acuerdo en morar con ella.” Tal vez en este caso le parezca a la esposa que como último recurso debe conseguir una separación legal o divorcio para su propia protección. En conexión con esto, note el consejo de la Biblia: “La esposa no debe irse de su esposo; pero si de hecho se fuera, que permanezca sin casarse o si no que se reconcilie con su esposo.”—1 Cor. 7:10, 11.
Puesto que, a resumidas cuentas, la esposa que se enfrenta a tal situación marital difícil es la que tiene que decidir personalmente qué hacer, aquí hay algunos aspectos serios que debe pesar: Si usted permanece con él, ¿podría con el tiempo ayudarle a hacerse cristiano? (1 Ped. 3:1, 2) ¿Limitará un divorcio o separación la asociación de usted con sus hijos o estorbará el que usted les enseñe acerca de Dios? ¿Qué hay de su propia necesidad sexual? El divorcio que se obtiene cuando no hay ninguna base en la inmoralidad no la libraría a usted para contraer segundas nupcias, de modo que ¿será un problema la pasión? (Mat. 19:9) ¿Estará obligada a obtener un trabajo seglar, exponiéndose así a nuevas presiones y problemas? ¿Consumiría tal trabajo el tiempo que ahora emplea en actividades espirituales? Sí, la separación puede resolver algunos problemas, pero por lo general causa otros.
Algunos de estos aspectos estuvieron envueltos en el caso de una señora de Wisconsin. Varios años después de haberse casado, su esposo empezó a beber en demasía durante los fines de semana cuando no trabajaba como leñador. Bajo la influencia del alcohol, a menudo se enfurecía y se ponía violento. Alrededor de ese tiempo ella llegó a ser testigo de Jehová y trató de ser una esposa excepcionalmente buena, no disputadora ni exigente. Sin embargo, muchos viernes cuando ella y los hijos regresaban de las reuniones cristianas él la abofeteaba, le daba de puntapiés y le daba puñetazos en los brazos. Cuando esto sucedía se veía obligada a huir de la casa. Ella y los niños pasaron muchas noches en la hacina de heno del granero, donde tuvieron que cerrar las entradas con barricadas hechas de fardos de heno hasta que su esposo se desembriagara.
“¿Por qué te has quedado con él?” preguntaban los hijos. Ella decía que era porque los amaba y no quería dejarlos, también porque su padre proveía lo necesario para la familia, lo cual ella no podía hacer. Jamás les dijo que no amaba a su padre, sino que les explicaba que el conocer la verdad de la Biblia hacía posible que ella aguantara y fuera una cristiana feliz. El maltrato continuó por más de veinte años. Ahora tiene el gozo de ver a diez de sus once hijos servir a Jehová, y su esposo ha dejado de beber, ha mejorado en controlar su genio y la acompaña a las reuniones cristianas. Cierto, puede que éste no sea el resultado en todos los casos. Pero este relato ilustra aspectos que usted puede considerar al evaluar su situación.
La esencia del consejo de la Biblia, entonces, es que los cónyuges deben esforzarse por permanecer juntos a pesar de problemas maritales que resultan de la imperfección humana. Sin embargo, si sus circunstancias parecen ser tan peligrosas o severas que hay que hacer algo, entonces usted tiene que decidir si debe buscar protección por medio de acción jurídica o no.  La Atalaya, 1 de noviembre de 1975, páginas 670-672.
     Además, no te pierdas consultar más documentación al respecto en el siguiente enlace: http://johnhenrykurtz.blogspot.com.es/2013/05/la-violencia-de-genero-la-verdad-sin.html

     No olvides lo siguiente: los que te dan estos "sanos" consejos son los del Cuerpo Gobernante.  Ellos están cómodamente instalados: su calefacción, su aire acondicionado, su piscina climatizada, su sauna, su buen, vestir, su buen comer y su mejor beber..., etc., etc., etc.  Todos ellos están bien atendidos y servidos.  Desde esa posición, se dedican a convencer a las esposas para que soporten estoicamente las palizas de su marido..., por si se convierten o, para dar un buen testimonio..., ¡uno de familias cristianas felices!  ¡No pueden ser más cínicos porque no entrenan!  ¡No hay por qué aguantar la violencia de género!

     Por último, ¿mi consejo?  Telefonea al 062, y expones tu caso a la Guardia Civil.  ¡No aguantes palos!  ¡No eres un animal! ¡No te merece! ¡Hazle un corte de mangas al Cuerpo Gobernante!

     Lo documentamos todo, todo y todo.  ¿Quién es el padre de la mentira y las opacidades diversas?