lunes, 23 de noviembre de 2009

El violador de ancianos que predicaba, ¿qué predicaba?


http://www.elmundo.es/suplementos/cronica/2009/736/1258844408.html

Estimados hermanos sumidos en la más oscura de las noches informativas:

La noticia de nuestro hermano (testigo de Jehová), Delroy Grant, se ha completado en este artículo que apareció en el diario El Mundo este fin de semana. Aporta unos detalles esclarecedores para todos los lectores de lengua española..., ¡y para la Resistencia muy especialmente! Sabemos que los agentes Watch a sueldo lo están pasando mal por toda la publicidad que los medios de comunicación le están dando a esta sonada noticia por todo el mundo. ¡Se pueden consolar porque es una manera de dar a conocer la confesión religiosa a la que pertenece Delroy Grant! Después de esta noticia, tenemos algunas preguntas pendientes, ¿descubrirá la policía que, mientras predicaba las doctrinas de los testigos de Jehová, elegía a su próxima víctima? Tendremos paciencia para averiguarlo. Sin duda éste personaje a quien Scotland Yard compara a Jack el Destripador, ha dado un sonado testimonio mundial..., ¡aunque, tal vez, no del agrado de todos!

Entre las frases reveladoras, encontraremos la siguiente en este artículo periodístico: "Era predicador de los Testigos de Jehová y solía dar sermones en una iglesia cercana. Sus feligreses le respetaban". Sí, definitivamente, se cumple el dicho en esta confesión religiosa que se tiene por ser la "Voz" de Dios en la Tierra: "En todos los sitios se cuecen habas"..., ¡y nosotros no somos menos!

Esto una vez más, deja claro que no hay nadie especial, lo bueno y lo malo son intrínsecos al ser humano..., ¡y no es bueno creerse los mejores del mundo! Digamos que, los hechos, nos colocan humildemente con los pies en la tierra. Sí, el afirmar que los testigos de Jehová son las mejores personas del mundo, es cuestionable. ¡Si por lo menos dijeran que son tan buenos como los demás...! ¿Aparecerá la biografía de Delroy Grant en La Atalaya, para advertencia de todos los miembros de la confesión religiosa..., para que no sean tan ingenuos? ¡El tiempo lo dirá! ¡Va por ustedes!

17 AÑOS DE TERROR EN LONDRES

EL VIOLADOR DE ANCIANOS QUE PREDICABA

«NIGHT STALKER» atacó en 17 años a 108 ancianos, mujeres y hombres, de entre 68 y 93 años. Era pastor de los testigos de Jehová, jugaba al dominó con los vecinos y siempre hablaba de pesca. Esta semana comenzó el juicio

DANIEL POSTICO (Londres)
El Mundo, domingo 22 de noviembre de 2009

ODIABA EL POLVO. Delroy Grant tiene 52 años. Su ex mujer lo define como un hombre malvado e infiel que odiaba el desorden y enloquecía por una mota de polvo.

Lo comparaban con Jack el destripador, por la sombra funesta que había extendido por el sur de Londres, escenario de sus macabros ataques, pero a él lo llamaban Night Stalker (acosador nocturno), porque siempre actuaba al abrigo de la noche y sus presas eran ancianos solitarios. Pensionistas desvalidos a los que agredía sexualmente, a veces consumando la violación.

Impulsado por un paranoico frenesí y un notable talento para escapar de la policía, cometió 108 asaltos entre octubre de 1992 y mayo de 2009. La más bisoña de sus víctimas en esos más de tres lustros de cacería tenía 68 años; la más vieja, 93. La mayoría fueron mujeres, pero también había hombres.

La lista habría sido más larga si no hubiese caído el pasado domingo en Croydon, un barrio del sur de Londres. Su captura ha sido la más larga y compleja persecución de un criminal de la historia del Reino Unido. Sobre su cabeza llegó a pender una recompensa de 45.000 euros.

TENÍA SIETE HIJOS

El perseverante detective superintendente Simon Morgan lideró la caza junto a un equipo de 29 hombres que buscaba sus huellas desde 1997. El equipo Minstead, así fue bautizado, tenía la única misión de atraparlo y conseguir que los viejecitos del reino durmiesen en paz.

Pero nadie podía sospechar que el monstruo fuese Delroy Grant, 52 años, padre de familia respetable, carpintero y pintor de profesión que desde hacía cinco años se dedicaba a cuidar de su esposa, Jennifer, que padecía esclerosis múltiple.

De origen jamaicano, llegó al país a los 17 años. Grant es padre de siete hijos, cinco con su actual esposa, incluyendo dos gemelas, y otros dos fruto de un matrimonio anterior. El menor tiene 11 años y el mayor 33. Vivía en una casa del barrio de Brockley, muy cerca de Croydon, la zona donde actuaba.

Los vecinos definen a Delroy Grant como un hombre amable y respetuoso, que asistía a barbacoas y participaba de las actividades de la comunidad. Un poco tímido, buen conversador, una de esas personas que genera confianza. Le gustaba jugar al dominó con amigos en el club social y hablar de pesca, una de sus aficiones. La otra era disparar con una escopeta de aire a un cubo metálico colgado de un árbol en el jardín trasero de su casa. Era predicador de los Testigos de Jehová y solía dar sermones en una iglesia cercana. Sus feligreses le respetaban.

Uno de los vecinos explicó que a veces lo veía marcharse con el coche de madrugada y regresaba unas horas más tarde. A veces al regresar le saludaba. Nunca se le ocurrió pensar que fuera Night Stalker; creía que simplemente hacía de taxista nocturno.

Algo se había olido el pertinaz superintendente Simon Morgan, porque Grant ya había sido interrogado, años atrás, en relación con este caso, pero lo dejaron marchar al no ver relación con el violador.

El jueves, todos los que se cruzaban con él en las calles obreras de Croydon vieron el inicio del juicio. Lo acusan de 22 delitos, que incluyen 5 violaciones, 6 agresiones sexuales y 11 robos, aunque la policía, que sigue interrogándolo, espera vincularlo a otras decenas de infracciones de la ley.

Sólo una persona conocía la verdadera naturaleza violenta que se escondía tras esa careta de convecino modelo -aunque ignorase que durmió durante años con Night Stalker-: su ex esposa, Janet Watson. Ella relató a los medios el infierno que había vivido con él. Lo describió como un hombre malvado e infiel, adicto al sexo, que la engañaba con multitud de amantes y la maltrataba. Era un obseso del orden y la limpieza que enloquecía por una mota de polvo. Se casaron en 1975, pero su matrimonio apenas duró tres años. Los dos hijos que tuvieron nunca quisieron saber nada de su padre. «Si hubiera sospechado lo que hacía, hubiera ido enseguida a la policía», apuntaló Janet.

Simon Morgan y los suyos creyeron estar sobre la pista cierta tantas veces como volvían a perder su rastro. El violador de ancianos actuaba por oleadas. Largas temporadas de constantes agresiones eran seguidas de extensos periodos de silencio, desaparecía.

LOS ESPIABA DE DÍA

Night Stalker era un tipo meticuloso y ordenado. Seguía siempre el mismo ritual. Elegía a ancianos que vivieran solos en zonas pobres del sur de Londres, sin cámaras en las calles. Seleccionaba casas, nunca pisos. Espiaba a las víctimas potenciales durante el día y las atacaba de madrugada, cuando eran más vulnerables.

Irrumpía en el interior de la casa por la parte trasera, camuflado en un traje negro de motorista -durante mucho tiempo Morgan pensó erróneamente que era motorista- y cubierto con un pasamontañas. Se enfundaba unos guantes de látex, desconectaba la electricidad, cortaba el cable del teléfono y desenroscaba las bombillas. Llegaba al dormitorio a través de la oscuridad y el silencio. Se acercaba sigilosamente a la anciana dormida y la despertaba a base de macabros susurros y caricias, apuntándola con la linterna en el rostro, inmovilizándola.

A veces pasaba horas hablándole a la atemorizada anciana, a oscuras, contándole su vida con voz blanda -estas conversaciones permitieron recabar valiosos datos del criminal-. Después abusaba de ella. Antes de irse, robaba algo de dinero en efectivo, joyas o baratijas, nada de valor, más bien parecía llevarse un recuerdo. Nunca dejaba huellas. Nunca mataba. Sólo una mujer murió años más tarde por las heridas provocadas por la agresión. En su ataque más violento, en 1999, violó dos veces a la misma anciana.

Al principio, todas sus víctimas eran mujeres, aunque en el año 2006 empezó a atacar a hombres, violando a dos de ellos, lo que desconcertó a Morgan.

«Este hombre es un individuo despiadado que acosa a los más vulnerables miembros de nuestra sociedad», aseguró el superintendente cuando todavía no le había apresado. «Siempre se asegura de que no haya una persona joven dentro de la casa».

Creían que trabajaba como cuidador de ancianos por el conocimiento que tenía de ellos. Cometió la mayoría de sus crímenes en los barrios sureños de Croydon, Shirley y Orpington, por lo que sospechaban que vivía en la zona. También intuían que tenía alguna relación con la religión ya que en una ocasión no quiso llevarse un objeto religioso y, en otra, robó un rosario. Una vez contó a una víctima octogenaria que su madre murió en el año 2000.

Algunos psiquiatras lo definían como un gerontófilo -persona que siente atracción sexual por gente mayor-, otros se decantaban por la teoría de que había sufrido abusos sexuales de niño, probablemente por parte de una persona mayor. Había un detalle que llamaba la atención al superintendente Morgan: si la víctima reaccionaba con firmeza, el acosador se amilanaba. Una de las ancianas agredidas detalló que, al decirle que su madre se avergonzaría de él, éste la soltó y huyó. Era un hombre con remordimientos.

El policía cazador intuía que se enfrentaba a un criminal invisible de día: «Ha cometido violaciones horribles, pero la gente se sorprenderá al descubrir su identidad porque es una persona normal y corriente».

En el año 2004, la operación policial dio un vuelco radical cuando contrataron una nueva tecnología de una compañía genética, DNAPrint Genomics, con sede en Miami. El método, llamado ADN ancestral, permitía identificar el origen de la persona a partir de muestras genéticas. Entregaron a los científicos muestras recopiladas en distintos escenarios del crimen. Establecieron que Night Stalker era descendiente de nativos americanos, europeos y subsaharianos y que sus antepasados podían estar en una isla caribeña. Esto redujo la lista de sospechosos de 21.000 a 1.000.

A LA ANTIGUA

La investigación se trasladó al Caribe. Morgan y cuatro de sus agentes se desplazaron a las islas de Trinidad y de Barbados. No descartaban que, en uno de sus parones, el violador enmascarado viajara a casa. Pero el paseo por el Caribe fue en vano y volvieron a dirigir la persecución a las sombrías y frías calles de Londres, donde seguía actuando. Por aquel entonces, en 2004, llevaba ya más de 80 crímenes.

El tiempo pasaba, los casos se amontonaban y el acosador seguía escabulléndose. La única imagen que tenían era el dibujo, esbozado a partir de las descripciones de las víctimas, de un hombre fuerte y alto de unos 40 años, negro de piel clara, cara redonda, nariz ancha y labios gruesos.

En 2006, el superintendente Morgan lo desafió ante las cámaras de televisión: «Tú sabes que esto tiene que parar y sabes que tienes que entregarte a la policía», le advirtió. Pero no se entregó.

No fue hasta hace unas semanas que el desenlace se precipitó. Tras una época de calma, la policía registró una serie de robos fallidos en casas de pensionistas en Croydon. Night Stalker estaba actuando de nuevo. Desplegaron más de 70 agentes por las calles del barrio. Habían identificado su coche, un Vauxhall Zafira, sabían que estaba cerca.

En esta ocasión, Morgan empleó la vieja táctica de esperar al asesino en el lugar del crimen. Y así fue. Una noche vieron pasar por delante de una de las casas el vehículo, lo siguieron y detuvieron a su conductor. En el interior hallaron unos guantes de látex. Al fin desenmascararon a Night Stalker.

Tras la captura, no fue el superintendente Morgan el que compareció ante los medios de comunicación, sino el jefe de Scotland Yard, Paul Stephenson, para decir que se trataba de «uno de los días más grandes para la Policía Metropolitana».

«Después de todos los métodos sofisticados que hemos utilizado, al final lo atrapamos con uno de los trucos más antiguos», reconoció el responsable policial. Un método de la vieja escuela para dar caza a Night Stalker, un criminal de los de antes. De ésos que atemorizaban Londres durante años. Como Jack el destripador.