martes, 18 de marzo de 2008

La confesión... ¡primero ellos!



Queridos camaradas desengañados de la Watch Tower:

Sí, sí... ¡primero ellos! ¿La confesión es necesaria? ¿Es buena? ¿La exigen las Escrituras? Pues que empiece la Watch Tower primero... confesando los errores que ha cometido y que han afectado la vida de millones de personas, algunas perdiendo la vida... ¿puede haber algo más importante que esto por confesar? ¡Que confiesen y nos digan cuánto dinero recaudan en España y en qué lo gastan... por ejemplo! ¡Que confiesen la cantidad de pederastas que hay en los archivos de los Secretarios de la congregación y en Betel... avisando a los hermanos de la congregación del peligro que supone el encubrimiento del pederasta en la congregación! ¡Que confiesen a la policía o a la Guardia Civil... quiénes son pederastas! ¡Hay tanto que confesar que sería lo justo empezar por ellos en orden de importancia... por la gravedad de los pecados!

¿Y qué hay de los ancianos de congregación... se confiesan a nosotros de sus pecados? ¿No? ¿Nunca? Pero, ¿nunca... nunca? ¿Y tú vas a ser tan pardillo de confesarte a una persona que nunca lo haría contigo? ¿Tú quieres que se enteren el resto de los ancianos de la congregación... y las esposas de éstos... y las amigas de las esposas de los ancianos... y el resto de la congregación y el Circuito entero, de tu vida privada? Podemos ser ibéricos, pero... ¡pardillos integrales nunca! Esto de confesarse debe ser un una acción recíproca... no puede ser unidireccional... siempre nosotros a ellos. Eso es un craso error y vamos a explicar el porqué... ¡porque estamos interesados en vuestro bienestar espiritual!

Pienso que, en su orígen, la confesión la dispuso Dios como un elemento liberalizador de la angustia interior de ser humano --sobre todo en un ambiente excesivamente extricto en el que se regulaba hasta el mas mínimo detalle de la vida de la gente como era el caso del fariseísmo de los tiempos de Jesús y, también en nuestros días con el neofariseísmo de la Watch Tower... que tiene un volúmen monumental de normas "teocráticas" que axfisian al testiguín ibérico-- un medio más de poder reconciliarnos con Él, de poder mostrar nuestro arrepentimiento. En suma, que Dios está consciente de que somos pecadores pero, no desea que vivamos con esa sensación de inutilidad permanente, esa pesadumbre que no nos permite ser felices en la vida, que se recrea hasta la saciedad en los defectos impidiendo que por un momento nos paremos a pensar también en las virtudes que tenemos. Ese sentimiento de culpabilidad --que en ocasiones puntuales puede significar un signo de salud moral y espiritual-- no puede gobernar nuestra vida minando nuestro amor propio... la autoestima, haciendo que nos veámos como seres despreciables que nunca damos la talla espiritual y moral necesaria y, que Dios, debe estar siempre enfadado con nosotros a juzgar por nuestros errores continuos y permanentes... ¡vamos... por no dar la talla!

Creo que el legado del Señor, se ha utilizado a lo largo de la historia para bien y para mal. Ahora desearía centrarme en el mal uso que se ha hecho de la confesión. Me remitiré al libro The Two Babylons, en sus páginas 9 al 11, entresacaré algunas oraciones significativas que a lo largo de muchos años me hicieron reflexionar y las cuales desearía compartir con todos los testiguines ibéricos y allende los mares... hoy que no tenemos salida al ministerio del campo en nuestra congregación... el de Circuito está indispuesto y no se presentará en la salida. El libro dice así: "Una vez tuvieron éxito en atenuar la luz del evangelio, oscureciendo la plenitud y la libertad de la gracias de Dios, alejando las almas de los hombres del contacto directo e inmediato con el Gran Profeta y Sumo Sacerdote de nuestra profesión, un misterioso poder se concedió a los clérigos (léase ancianos de congregación), que les dió "el dominio sobre la fe" de la gente, un dominio frontalmente rechazado por los apóstoles (2ª Cor. 1:24), pero el cual, en relación con el cofesionario (el cuartito del Salón donde nos meten los ancianos), ha venido a ser menos tan absoluto y completo como jamás poseyeron los sacerdotes babilónicos sobre aquellos iniciados en los antiguos Misterios. El poder clerical del sacerdocio de Roma culminó con la aparición del confesionario. El confesionario fue copiado de Babilonia. La confesión de los devotos de Roma es enteramente diferente de la confesión prescrita en la Palabra de Dios. El dictamen de las Escrituras con respecto a la confesión es "Confesaos vuestras faltas los unos a las otros", Santiago 5:16, lo cual implica que el sacerdote debe confesarse a la gente, igual que la gente debe confesarse al sacerdote, si alguno ha pecado en contra del otro. Esto nunca hubiera servido con algún objetivo de despotismo espiritual..."

"El gran objetivo en requerir a los candidatos a la iniciación que hagan una confesión al sacerdote de todas sus faltas y pecados secretos, era sólo para ponerlos a ellos completamente en las manos de aquellos quienes conocían y les habían sido confiados los más íntimos sentimientos de sus almas a la vez que los secretos más importantes..."

"Ahora, esta confesión la hace cada individuo, en SECRETO Y EN SOLEDAD con el sacerdote sentado en el nombre y vestido con la autoridad de Dios, investido con el poder para examinar la conciencia, juzgar la vida, absolver o condenar según su caprichosa voluntad y arbitrariedad de él..."

Bueno, son unos párrafos densos pero con mucho significado y tascendencia en la vida de la gente que, de ningún modo aplica actualmente sólo a la iglesia católica --como bien sabemos los testiguines ibéricos... por desgracias--, sino, a diversos grupos religiosos que, en el nombre de Dios, llegan a ostentar un poder absoluto (en ocasiones despiadado) sobre los creyentes, pues son dueños y conocedores de las intimidades de sus hermanos "al estar investidos con la autoridad de Dios en la congregación". Esto conduce a un despostismo espiritual que de ninguna manera tiene relación con la provisión liberadora de la conciencia humana que Dios ha provisto con la confesión mutua.

¡Que no os lleven al huerto... never again! ¡No os dejéis camelar por estos impresentables indocumentados! ¡Exigid que ellos se confiesen públicamente! ¡Podéis meter notas en las cajas de contribuciones del Salón de Reino con vuestras sugerencias y quejas al respecto! Las cajas de contribuciones no sólo sirven para meter dinero para la Watch Tower, también se pueden utilizar como Buzón de Sugerencias y Reclamaciones. Cuando tengáis una queja, no os la guardéis para vosotros... poned una nota en la caja de contribuciones... ¡eso les joraba mucho! También, si nadie os ve, podéis colocar una nota en el tablón de anuncios de la congregación exponiendo vuestra queja... ¡eso les joroba mucho más! Y, cuando estemos en las asambleas... ¡aprovechad para meter vuestras quejas y reclamaciones! Es muy bueno, que ellos conozcan lo mal que hacen las cosas... les dáis la posibilidad de rectificar y volverse de mal proceder.

A la Watch Tower, lo que más le molesta es... la publicidad que se dé de sus malos tejemanejes... especialmente entre los hermanos. Presumen de "la verdad"... pero ellos mismos no desean compararla ni ponerla a prueba para ver si es realmente la verdad. ¡Dadles caña donde más les duele!