domingo, 28 de octubre de 2007

La hazaña del "Plus Ultra"













































Estimados camaradas, acabaremos el día dándonos una inyección de moral... de ánimo... para nosotros, obreros ibéricos que no tenemos de qué avergonzarnos. Se acabó aquello de que todo lo español es peor que lo de Brooklyn o Patterson... aquí tenemos madera de forjadores de imperios... si no vamos nosotros allí, todavía estarían con taparabos.
"A España había de estar reservada la gigantesca proeza, rayan en la epopeya, de la travesía aérea del Atlántico. Ella, como madre solícita, habría de ser la primera que lograría tan homérica hazaña, llegando allende el Océano a demostrar a sus hijas, Repúblicas Americanas, que el exuberante e inexhausto vigor de la próvida Madre subsiste pujante; y así fué como, escogiendo a cuatro aguerridos y hervorosos mozos, ungidos de fe y ebrios de amor patrio, añadió, orgullosa, un áureo eslabón a la especiosa cadena de una gloriosa tradición secular.
En la mañana del 22 de enero de 1926, resbalaba majestuoso sobre las aguas del histórico puerto de Palos un hidroavión, en el que cuatro intrépidos y vivaces aeronautas españoles, de avispado intelecto, Ramón Franco, Ruíz de Alda, Juan Manuel Durán y Pablo Rada, iban a reverdecer los laureles de antaño y a hacer vibrar al Mundo con su ciencia y con su bravura.
Ante un desbordante entusiasmo, que permanecerá grabado con el buril de las hondas emociones, el isócrono ritmo de los motores y después de un vertiginoso ronroneo de la hélice, se yergue arrogante el Plus Ultra, en el que los avizorantes ojos de los heraldos hispanos inquieren en el espacio.
Bate el viento sus alas al accionar en un hábil viraje y, tras ligero alabeo, va disminuyendo su volúmen hasta perderse en lo infinito. En el espacio, reciben los aviadores las palpitaciones del Mundo por las ondas hertzianas, que los orientan en su ruta, y, sin desaliento, derrochando valor, llegan indemnes a columbrar las dilectas urbes americanas, pueblos hermanos, de habla vernácula y de idéntica historia.
En las extensas bahías del Nuevo Mundo, millares de personas se adhieren a un homenaje de bienvenida indescriptible, inenarrable, y aquella nueva savia de la vieja Madre Patria ahogó, con lágrimas, su exaltada emoción.
¡¡La España de los siglos XV y XVI no ha muerto!!"
¡Ala... que tomen nota los maricomplejines ajalvireños!