miércoles, 10 de agosto de 2016

340 millones de dólares que viajarán al paraíso celestial




     Estimados camaradas víctimas de los pedigüeños sin fronteras:

     Los ungidos de pacotilla, el Cuerpo Gobernante, sigue en su línea: despotrica de los bienes y placeres terrenales mientras vende las joyas de la abuela, trinca la pasta y nos dice: Aquí paz y después gloria. Ese desapego, ese asco que dicen tener al vil metal --raíz de todo mal-- no se corresponde con sus maniobras orquestales en la oscuridad en el sector financiero-inmobiliario. Dicen morirse de ganas por alcanzar la gloria celestial al mismo tiempo que viven como un rajá en la tierra. Su modo de vida no encaja para nada con la de nuestro Señor Jesucristo, que dijo a sus seguidores: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza».

     Definitivamente, un día sí y otro también los teócratas de turno nos la dan con queso. Llevan una década, a la chita callando, vendiendo todo el patrimonio inmobiliario en el carísimo barrio de Brooklyn Heights. Todo en el nombre de Dios, ¡como no podía ser menos! La central mundial de nuestra confesión religiosa, adquirida poco a poco desde 1879 con nuestros donativos y mano de obra gratuita... se ha ido al garete. Esto equilvadría a que la Iglesia Católica vendiese el Vaticano para comprarse unos terrenos en un paraje natural y edificar allí una serie de viviendas y edificios funcionales explicando a los cándidos creyentes que es la voluntad de Dios.

     La pregunta del millón, la de mis desvelos y ojeras, es la siguiente: ¿Adónde demonios meten el terrenal dinero de la venta éstos que dicen tener esperanza celestial? Las únicas pistas que tenemos de este trasiego financiero teocrático las obtenemos de las denostadas publicaciones mundanas, por usar la terminología testiguil. Bondadosa y providencialmente, de tanto en tanto trasciende una noticia con una venta más de aquellos edificios otrora consagrados y dedicados al Altísimo. Es en estos medios ajenos a nuestra comunidad religiosa del notorio arraigo y olé, donde trasciende alguna cifra sobre el supuesto precio de venta del inmueble sagrado. Punto y final. Aquí se acaba la pista. No hay más hilo. La ingeniería financiera de los ungidos de pegote, nos impide poder ver más allá, en el inframundo financiero teocrático. El Tártaro económico. La opacidad por bandera. Este es el recochineo máximo, donde el pardillo apoquinante neto --que somos nosotros, los de la esperanza terrenal-- se queda boquiabierto, pasmado, no entendiendo nada y con la sensación de que te la han metido doblada.

     Toda esta letanía introductoria me lleva a dar una noticia triste: adiós a nuestro icónico rótulo y reloj --símbolo de la edad de la inocencia y la inminencia del fin de mundo-- en Brooklyn Heights. Ha venido el tío Paco con la rebaja...



     La noticia de hoy aparece en el New York Post. Se ha publicado el pasado día 4 de agosto de 2016. El grupo inversor encabezado por Jared Kushner ha cerrado la compra de unos edificios de la central mundial de los testigos de Jehová en el Downtown de Brooklyn por la friolera suma de 340 millones de dólares estadounidenses.
http://nypost.com/2016/08/04/kushner-investor-group-closes-deal-for-watchtower-building/

     La compra, construcción y remodelación fue por la voluntad de Dios y la venta posterior --una vez requetevalorizada la propiedad-- también lo ha sido. Ciertamente, los caminos del Señor son inescrutables. Amén y amén.

     La documentamos todo, todo y todo. ¿Quién es el padre de la mentira y de las opacidades diversas?